Blancanieves Lidia Gómez

 

         Imagen: Adina Voicu en Pixabay https://pixabay.com/es/photos/rostro-manzana-blancanieves-bosque-1521947/


Blancanieves

Lidia Gómez


En el mayor distrito de lujo de Madrid vivía una familia que a pesar de tenerlo todo, no conseguía completarse con descendencia. Médico tras médico nunca llegaba el querido embarazo. Un día la sirvienta viendo a su señora desesperada, le hablo de su prima Encarna, curandera de toda la vida en su pueblo y que ayudaba a las mujeres a procrear.  

La mujer harta de médicos y de su situación, accedió a ver a aquella mujer que llegó a su casa cargada de cazuelas y hiervas y le dio diversas infusiones nauseabundas cargadas de hormonas y le auguró un feliz embarazo. A los 9 meses nació una preciosa niña a la que llamaron Blancanieves y a la que por su nacimiento le dedicaron una gran fiesta; a la que fueron invitados actores en pleno éxito, políticos de todo espectro, la prensa rosa, youtubers e influencers del momento.  

Escondida en un rincón miraba a todos Encarna que, enfadada por ser ignorada, tomó un muñeco vudú y clavándole varias agujas, conectó el alma del muñeco con la niña y le envió maldiciones para una mala vida, murmurando “esta niña os saldrá rana”. 

Blancanieves creció feliz, pero al llegar a la adolescencia en el instituto comenzó a escaparse por las noches y a mezclarse con jóvenes que traficaban con todo tipo de drogas. Ella comenzó a mezclar drogas, alcohol y sexo.  Una de estas noches un tipo se acercó y le ofreció una mezcla de alcohol con ketamina en unas cantidades considerables. Mientras ella lo bebía, el tipo acariciaba un muñeco de trapo con varias agujas clavadas que llevaba en el bolsillo. 

A los pocos minutos de tomar la bebida adulterada, cayó al suelo víctima de una sobredosis prácticamente letal. Los amigos espantados, abrumados y asustados salieron de estampida huyendo muertos de miedo. Afortunadamente, por allí pasó una mujer que al verla tomó su móvil y llamó a los servicios de emergencia y fue llevada al hospital en una ambulancia. 

En el hospital fue tratada a toda prisa con lavados gástricos, inyecciones de naloxona y mucha eficacia y durante todo el proceso el joven residente de urgencias estuvo a su lado. Cuando ya por fin la dejaron sola descansando y aun inconsciente, el joven totalmente cautivado volvió a verla y acercándose a ella la besó en los labios. En ese momento la joven Blancanieves abrió los ojos y le sonrió. No piensen que la curó el beso, no, no fue así, ya que sin un buen chute de naloxona nada hubiese tenido efecto, pero así felizmente vivieron juntos para siempre.


Comentarios

Entradas populares de este blog

El Chambao // Ángeles Garciolo

Si aparece el miedo... // María