Una antigua noche de final de año // Daniel Navas
Vuelve una antigua noche reclamando un lugar como una pincelada en un vasto lienzo, y eso, solo eso, la justifica. Aquella noche del último circulo de un año envejecido, el autobús serpenteaba la penumbra y desdibujaba con su andar la remota frontera italo yugoslava. A bordo, en la soledad de una sentencia de lo real con lo imposible, me iba tejiendo en una atmósfera ordenada de laberintos entre gitanos yugoslavos que celebraban un peldaño más en el tránsito del tiempo. La ventana a mi derecha era mi otro yo que jugaba a un paisaje que se iba disolviendo en sombras líquidas de montañas, valles y pinos que parecían inclina rse en reverencia a la nieve. El asfalto mutilado por un río blancuzco marcaba el incierto camino. Al interior una invasión de luces contrarias hacía parpadear los acordes de voces y cánticos que por las risas parecían invocar historias incomprensibles de jardines o secretos que se niegan al olvido. Todo fluía en un tiempo suspendido al compás de ...