Pescadores / José María Fernández
Se oye el "poc-poc-poc" de los motores de los pesqueros, ya aflojando velocidad para la labor de atraque a puerto. El primero en llegar es el "Sabugo", y salta a muelle Lito, el de la Muñoza; para meter cabo al noray.
Vienen del "bonito", pesca mayor, por eso no hay mujeres ni niños con pequeños cestos para recoger peces caídos al suelo.
Al abrir la bodega pueden verse lomos plateados que asoman de entre el blanco hielo.
Los pescadores forman una cadena humana, lanzándose los ejemplares, unos a otros, hasta depositarlos en el trasporte que los llevará a la Rula. Allí, todos los años, el ritual de la subasta del primer bonito. Alcanza precios elevados y señala el comienzo de la temporada.
El ambiente en la Rula festeja todos los sentidos: la vista, cantidad de ejemplares, algunos todavía vivos; el olfato, olor intenso y agradable; al oído, la retahíla del subastador y la puja de los interesados.
Mayoristas y minoristas persiguiendo el mejor lote. Los últimos, para su "puesto" en el Mercado Municipal.
Viene al recuerdo la visita, de niño, al Mercado Municipal para pedir corazones de bonito, trocearlos, y utilizar como cebo para pescar "panchitos" en la ría.

Comentarios
Publicar un comentario