Belle Epoque // José María Fernández

 



Cuando escribimos podemos viajar con la imaginación a otros tiempos, del pasado, pero también del futuro. La imaginación, y la memoria, son las grandes canteras del escritor. Le permiten viajar a otros tiempos y lugares. En el ejercicio que les compartiré José María Fernández viajo dos siglos atrás a Francia e imaginó este encuentro...


Bajé del vagón, y nada más poner los pies en el andén, levanté la vista, y como una aparición, vi a aquella mujer.

Sombrero de cubo con lazo, carita de porcelana, blusa bordada de cuello alto con un camafeo prendido, collar largo de perlas, falda larga y botines negros de cien ojales. En sus brazos un pomerania blanco como la nieve.

El perrito dio un salto y ella un grito; solté la maleta y aprovechando que se había parado para olfatear a un cocker, lo cogí y lo entregué a su dueña.

¡Oh, gracias! Estoy en deuda con usted, acepte una absenta, aquí en "Le Gare".

Una pequeña mesita redonda, hizo que estuviéramos cercanos, cómplices.

ꟷVeo que acaba de llegar. ¿Qué le trae por aquí?

ꟷImpresionado por el impresionismo, soy pintor.

ꟷYo canto en el cabaret "Le Canard Rouge". Dígale al portero que llega de mi parte.

ꟷSe lo prometo.

Charles me había conseguido una buhardilla por pocos francos. Desde la ventana, podía verse una placita que parecía un cuadro de Van Gogh.

Presentaron a Nini y salió ella, sonriente; un recorrido, en abanico, con su mirada y se paró en mí.

"Bajo los puentes de París, perfume y agua es para mi Marqués ", empezó a cantar.

 

José María Fernández


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