El tiempo y la literatura
El tiempo es una convención humana que nos permite organizar determinados hechos secuencialmente, a partir de un momento o evento dado. El transcurrir del tiempo se mide en tanto procesos (cambios) y su duración. El tiempo está vinculado esencialmente al movimiento. Tomamos conciencia del tiempo cuando lo representamos y lo medimos. Dice Aristóteles: “El tiempo no existe sin el movimiento, ya que, cuando no sufrimos o percibimos movimiento en nuestro pensamiento nos parece que no ha pasado el tiempo”. Cualquier consideración que hagamos sobre el tiempo está vinculada a la condición mutable de lo existente, por su condición variable en el tiempo y en el espacio.
La medición objetiva del tiempo se realiza tomando como eje el movimiento: el movimiento de las agujas del reloj, el movimiento del eje de la tierra, el movimiento de la rotación de la tierra alrededor del sol. Así establecemos las horas, los minutos, la duración del día, del mes, del año. “El tiempo sólo existe en el espíritu humano –señala Leibniz- es el orden de las sucesiones que aquel atribuye a las cosas, el orden de los fenómenos sucesivos”.
Así podemos hablar del tiempo objetivo o externo, como
unidad de medida, que varía de acuerdo al lugar donde es medido. Pero también
podemos referirnos al tiempo interno o de la conciencia, que depende de
la percepción subjetiva. “Para la conciencia no hay dos instantes iguales, dice
Bergson”. Y finalmente está el tiempo como noción absoluta configurada
por una especie de línea uniforme, indefinida, constante y vacía, en la que se
irían inscribiendo sucesivamente la pluralidad de acontecimientos que se
producen en el universo.
Cuando escribimos un cuento de qué
manera puede observarse el tiempo en la historia:
a)
Época de la historia: Podemos ubicar
nuestro relato en la época actual, pero de igual modo en alguna época del
pasado (relato histórico) o del futuro (ciencia ficción).
b)
Tiempo verbal de la historia: pasado (un
hecho ya ocurrido), presente (está ocurriendo ahora), futuro (indicio de algo
que va a ocurrir), subjuntivo (acción no realizada o deseada: ella hubiera
querido que…él hubiese deseado que…)
c)
Duración: Tiempo en el que
transcurre lo narrado. Desde un instante hasta siglos. La duración de un
acontecimiento hace un texto narrativo más estático o más dinámico. Cuando hay
descripción o explicación en el texto narrativo el tiempo de la acción se
detiene. La imagen de un muro derruido puede representar el paso del tiempo, el
envejecimiento de una persona o animal. Vínculo
entre el tiempo y los acontecimientos: En un breve momento puede cambiar la
vida de un personaje pero igualmente los cambios en la trama pueden producir en
un intervalo largo de tiempo. Vínculo entre el tiempo y los personajes:
El paso del tiempo puede ocasionar cambios en el personaje, cambios físicos o
de comportamiento. Anacronía: Intervalo de tiempo que separa dos
acontecimientos.
d)
El orden (El tiempo de la historia y el tiempo
del discurso): El tiempo de la historia se organiza cronológicamente, a
través de secuencias, según la lógica cotidiana. Pero en el discurso el tiempo
no siempre es lineal, es el modo particular en que el autor lo organizó. En la narración
retrospectiva, por ejemplo, se reconstruye una historia a partir de su
desenlace. Las acciones paralelas ocurren simultáneamente en un mismo
lugar y tiempo. En la repetición se representan diferentes versiones de
un mismo acontecimiento. Normalmente se utiliza este recurso para cambiar la
perspectiva sobre el mismo, añadir algo, o hacer hincapié en el significado del
acontecimiento. Los hechos son los mismos pero su significación cambia. A
través de La reiteración se representan eventos semejantes que se
repiten en el tiempo. A través de la prolepsis se mencionan eventos que
van a ocurrir.
e)
Los deícticos temporales: Son
marcadores del discurso que ayudan a situar los acontecimientos en el tiempo,
generalmente son adverbios. Se toma como referencia central el “ahora”, y los
deícticos marcan las fronteras temporales que diferencian el ahora (tiempo
presente) del “antes” (pasado) y el “después” (futuro). Hay expresiones que
indican simultaneidad (en este momento, en ese mismo momento, al mismo
tiempo, ahora), otras anterioridad (ayer, el otro día, hace muchos años,
antes que, cuando aún no había ocurrido tal cosa...) y otras posterioridad
(mañana, pronto, más adelante, después, al año siguiente). Hay verbos que
también ayudan a ubicar los acontecimientos (Amanecía, anochecía). Anochecía
también puede indicar suspenso, al igual que expresiones tales como “de
pronto”, “de improviso”, “repentinamente”, que marcan necesariamente un cambio
en el ritmo temporal de los acontecimientos.
En las próximas
entradas compartiré textos de los participantes del taller de Escritura
Creativa “Voces de la bahía” que fueron ambientados en contextos temporales
distintos al actual.

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