No puedo llamarla // Juana

 

                                           "La chica durmiendo" de Tamara de Lempicka


          Cuando escribimos un relato podemos saltar a distintos tiempos, lugares y planos de la realidad. En el cuento que les compartiré de Celia Facundo Hernández encontramos ese juego del espacio-tiempo, transita entre la realidad y el sueño. el pasado y el presente.




¡Mamá!  ¡Mamá!  ¡Es mamá!

Su mente esta confusa. Siente que algo pasaba con su mamá, pero no puede moverse. ¡No puede! Escucha el lamento de su madre a lo lejos. Es mamá,  se dice. El sueño sigue… esta vez, su mamá está en Lima. Es joven aún, duerme, se acerca, pero no puede tocarla, lo intenta y no puede. Cada vez que intenta acercarse a ella no puede. Justo cuando va a tocarla se aleja un poco, lo vuelve a intentar. ¡No puede! Hubiese querido llamarla, hubiese querido abrir la boca, llamarla, pero no logra emitir sonido alguno. Percibe el peligro, se mueve en la cama, siente miedo, intenta moverse, le cuesta, su mente está confusa, se mueve, estoy soñando, estoy soñando… Esta vez, a lo lejos ve a su madre ya mayor cruzando un río, el río va con fuerza, su madre cae a mitad del cruce, quisiera alcanzarla, pero está lejos, bastante lejos, grita, pero el sonido no sale, se mueve, se mueve, se mueve mucho. Un torbellino de emociones en su pecho…hasta que al final dice: ¡MAMÁ! Logra por fin moverse. Sus ojos están mojados. Son lágrimas. Aturdida por el sueño se mueve lento, muy lento hasta que logra despertar.

Se levanta, va hacia el cuarto de su mamá abre la puerta con cuidado esta vez se acerca, la toca y sienta su respiración mientras duerme. ¡aaahhh! Respira aliviada.

Vuelve a su dormitorio. Mira alrededor suyo. Se da cuenta que está aquí no en Lima.

Se acuesta. Vuelve a dormir pensando en su madre. Todo está bien, se dice mientras el sueño va invadiendo su cerebro, una especie de bruma se apodera de su cerebro…

Al otro día nada más despertar corre al cuarto de su mamá. Ella está ya de pie vestida y le dice: ¡Buenos días hija! Buenos días mamá, le dice, mientras le toca la cabeza suavemente. Sale.

 

Solo había sido una pesadilla.

 

 


 


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